Salimos de nuevo al claustro y al patio central para seguir buscando sorpresas en las esculturas de las claves de los arcos, para examinar el brocal del aljibe, o dejar que el cuadrado perfecto del patio nos evoque simbolismos del cuatro y del cuadrado: los cuatro elementos, las cuatro estaciones, las cuatro edades de la vida y sobre todo los cuatro puntos cardinales que suministran orden y fijeza al mundo. Orden y fijeza que la historia nos niega a los humanos tantas veces. La piedra de la que está hecho este edificio nos trae un mensaje de duración, de continuidad, de orden. Simboliza la unidad y la fuerza pues la piedra es la música petrificada de la creación.

 

   Desde el patio, junto a la entrada del zaguán, se accede a la escalera principal que en el segundo cuerpo se divide en dos brazos. Es digno de fijarse la manera como están cortadas las piedras que componen los dos arcos de acceso al claustro superior que posibilitan mantener el orden de sucesión de los parámetros del claustro superior. La escalera está presidida por un gran lienzo que representa la Aparición del Apóstol Santiago en la Batalla de Clavijo de Antonio González Ruiz, pintor de cámara de Fernando VI. Un gran lienzo de la Inmaculada, de la que los caballeros eran muy devotos, completa la decoración.

 

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